El menú week era abundante y variado:
Entrante (a escoger)
Mejillón de boiro al vapor
Empanada de la Aldea (diferente cada día)
Pulpo a la gallega con cachelos
Tortilla melosa de betanzos
Croquetas de jamón o centollo
Segundo (a escoger)
Chipirones de costa a la plancha
Bocaditos de merluza con patata hilada
Arroz marinero al caldeiro (min. 2 pax)
Carne rixada con patatas de bergantiños
Salteado de solomillo al Ribeiro tinto
El dulce final (a escoger un postre o café e infusión)
Filloas caseras
Blondas rellenas de crema pastelera, fritas con canela y azúcar
Leche frita al momento flambeada con orujo blanco
Cuajada casera con helado de miel elaboradas con auténtico cuajo del Valle y miel de romero
Tarta de queso al aroma de frambuesa
Queso fresco y coulis de frambuesa natural
Café arábiga e infusiones naturales
Como siempre empiezo por el vino esta vez hemos elegido el especial de la casa, un reserva de Marques de Murrieta, que tiene una relación calidad/precio aceptable:
Lo primero que hizo el camarero fue traernos este maravilloso pan gallego:
que duró lo mismo que un bombón a la puerta de un Colegio, y tras el aperitivo acostumbrado en los restaurantes del Grupo Oter, unas buenísimas aceitunas, elegimos comer de primero el pulpo y la tortilla:


Evidentemente compartimos todos los platos, y el servicio entendió la compartición como se debe entender. El pulpo me recordó a un bar que tengo cerca de mi casa 'Los Gallegos' que son famosos por poner el mejor pulpo de Madrid, estaba suave y sabroso, y la tortilla de Betanzos, sin estar tan 'poco hecha' como es la típica de Betanzos, la verdad es que estaba sabrosísima. Fue un comienzo esperanzador.
De segundo habíamos elegido los bocaditos de merluza y el salteado de solomillo:


Los bocaditos de merluza estaban muy buenos de punto y sabor, pero me defraudo la ensalada que los acompañaba, prácticamente sin ningún aderezo, y lo que es peor, sin nada externo para aderezarla, así que bien por el pescado pero mal por el resto, en resumen, si aprueba es raspando.
Y la carne, siendo un solomillo de calidad, no me atreví a decir que nos lo hicieran casi crudo, según mi gusto, porque lo iba a compartir con mi mujer, que a pesar de la educación gastronómica que va absorbiendo de mi, y ya come la carne bastante poco hecha, todavía no he conseguido que coma la carne en 'mi punto'. Y ese error lo pagamos caro, el solomillo estaba, para mi gusto, abrasado, y para el de mi mujer, demasiado hecho, y mi mujer y yo íbamos ya 'muy' comidos, y habíamos abusado del extraordinario pan gallego que junto con el pulpo y la tortilla nos hacen recomendar este restaurante, donde nos atendió Miguel, un camarero de toda la vida, como los que comentaba Angel Luis (@u0z72b6) en su blog de Sensaciones Inciertas el pasado domingo.